El fetiche de lo decorativo convertido en obsesión, por hurgar y buscar elementos que representen y formen parte de un paisaje que termina siendo siendo un recorrido histórico, una búsqueda antropológica de nuestras diversas identidades mediante objetos desarrollados, impuestos(lo religioso) o utilizados durante diversas décadas, reliquias del tiempo que también son extensiones de nosotros mismos y nos construyen como entes visualmente programados.
Cada elemento es un viaje al pasado o un referente directo a una idea preconcebida de la mujer, de la religión, de lo bello, de lo "cotidiano", del deseo,la experiencia y del cuerpo... está o no está, la acción de configurar escenarios, buscando un sentido mediante imágenes que terminan apropiándose de nosotros, de nuestras casas, de nuestras mentes.
Simbología contemporánea en donde participa el bagaje familiar, cultural, social, religioso. Desde las esculturas en miniatura de porcelana, las arañas reflejantes que colgaban del techo, los gobelinos y los muebles Luis XVI de la casa de tus abuela, los calendarios pornográficos que encontrabas en la mesa de noche de tu abuelo o de tu padre, revistas, fotos, telas antiguas, que te recordaban a historias entrelazadas entre ellas mismas y ese proceso de transformación del mundo y de las personas. Los cuadros y crucifijos de Cristo, imágenes de seres mitológicos y de una Lima colonial mezclados con budhas de yeso, flores de plástico y manualidades hechas por tu bisabuela, tu abuela y tus tias abuelas, estampados en los manteles, en los platos, en los blusones de verano... un escenario fantástico y kitsch, así como la inconsciente armonía de color en cada habitación: el baño azúl, el baño verde, el cuarto rosado y el olor de pasar de una experiencia a la otra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario